Análisis a fondo de Grimer
Lodo, rayos X y una fábrica al lado
La primera generación repartió a Grimer por la Mansión Pokémon y, en Pokémon Amarillo, por la Central Energía: dos edificios abandonados llenos de cosas que gotean. El diseño no esconde de qué va — vertido industrial, alcantarilla, charco que no debería moverse — y las entradas lo dicen sin metáforas.
Lo del origen sí es raro. Los rayos X reflejados por la Luna que aparecen en varias entradas son una explicación de tebeo antiguo, de las de radiación y mutación, y conviven desde siempre con la otra versión, la del fango del fondo marino. Nadie las ha reconciliado en treinta años de textos oficiales.
Sus estadísticas base no se han tocado nunca: los mismos 325 puntos con el mismo reparto desde el principio. Tampoco su ratio de captura, que sigue en 190. Lo que sí cambió con el tiempo fue el reparto de habilidades; durante tres generaciones, él y Muk fueron los únicos Pokémon del juego capaces de llevar Hedor.
Betobetā, grime y un vertido de aceite
El nombre japonés, ベトベター, sale de las onomatopeyas べとべと y べたべた, que describen algo pringoso y pegajoso. El sufijo funciona como un comparativo, y su evolución, ベトベトン, remata el chiste. El inglés va por otro camino: Grimer viene de grime, mugre, y Muk de muck, fango. El japonés cuenta cómo se toca; el inglés, lo que es. El español heredó el nombre inglés sin tocarlo, como casi toda Europa.
La forma de Alola llegó en la séptima generación y la firma Hitoshi Ariga. Ahí el cuerpo es verde con vetas amarillas y la lengua azul, la dieta pasa de líquida a basura sólida y las toxinas se le cristalizan dentro en lugar de gotear. El referente son los vertidos de petróleo, un problema real de las islas en las que se basa la región. En combate lo importante es el tipo: Veneno y Siniestro. Esa segunda mitad le quita la debilidad a Psíquico y le deja una sola, Tierra, que en un Pokémon de 50 y 50 en defensas cambia bastante las cuentas. Su habilidad oculta, además, no la tiene ninguna otra especie.
Las otras montañas de basura
Kanto ya tenía un Pokémon de contaminación antes de que apareciera este: Weezing y su prevolución son gas, Grimer es sólido. Uno flota y revienta, el otro se arrastra y se pega. La quinta generación volvió a la idea con Garbodor, esta vez con bolsas de basura doméstica en vez de residuo industrial, y con mejores cifras.
Dentro de su propia lista de movimientos hay dos rarezas que conviene conocer antes de contar con ellas. Eructo, al nivel 46, pega 120 y es de los ataques especiales más fuertes que aprende, pero no se puede usar hasta que el Pokémon se haya comido una baya durante ese combate; sin baya, el movimiento falla sin más. Y Legado, al 48, es el más extremo de todos: el usuario se debilita para dejar al rival con el Ataque y el Ataque Especial por los suelos. En un Pokémon lento y frágil que ya iba a caer ese turno, cambiar la caída por dos bajadas de dos niveles cada una es un intercambio razonable.
El resto del recorrido es previsible. Gas Venenoso y Destructor de salida, Residuos al 15, Disparo Lodo al 18, y el salto de verdad al 29 con Bomba Lodo. Onda Tóxica al 32 pega algo más —95 frente a 90— pero golpea a todos los adyacentes, incluido el compañero, así que en combate doble la que se lleva es la otra. Da 1 punto de esfuerzo en PS al derrotarlo, crece a ritmo medio y su experiencia base es de 65, de las bajas: sube deprisa y no aporta gran cosa al que lo derrota.