Análisis a fondo de Magby
Buby, el que se quema
El japonés es ブビィ, Buby, y se lee como una contracción de burn y baby: el bebé que arde. El inglés cambió la primera mitad por algo más geológico, magma más el mismo diminutivo, y el resultado viaja igual en castellano. Toda la línea comparte la broma sonora — Buby, Būbā, Būbān en japonés —, un trío de nombres que suenan a balbuceo antes que a criatura de 600 °C.
El diseño va a juego con el nombre. Cuerpo rojo, postura erguida, hocico amarillo y una mancha de llama en la barriga: la silueta de Magmar reducida y redondeada, sin el pico rapaz ni la cola encendida. Es de los bebés más honestos del grupo, en el sentido de que no intenta parecer otra cosa que un adulto encogido.
Diez juegos buscando dónde meterlo
La historia de Magby es la historia de un Pokémon al que cuesta encontrar sitio. En la segunda generación sólo se obtenía criando Magmar, con una excepción memorable: el Huevo Raro de la guardería de la Ruta 34 en Cristal, que podía salir Magby entre otros bebés. En la cuarta ya lo cría también Magmortar. En la séptima, por fin, apareció en libertad en el Parque Volcánico Wela de Alola, que es más o menos lo que su propia ficha llevaba dos décadas prometiendo cuando decía que es fácil encontrárselo cerca de un volcán.
Espíritu Vital tampoco estuvo desde el principio: llegó como habilidad oculta bastantes generaciones después de su debut, y es la que hoy le da una razón de existir distinta de «versión pequeña de».
El otro bebé del par
Magby y Elekid se diseñaron a la vez y para lo mismo: dar infancia a la pareja de Fuego y Eléctrico que Kanto había dejado suelta en la Central de Energía. Ocupan los números 239 y 240 de la Pokédex Nacional, uno detrás de otro, los dos evolucionan al nivel 30 y los dos necesitan en la cuarta generación un aparato con nombre de electrodoméstico para llegar al final de la línea. La diferencia está en el temperamento de las cifras: Elekid apuesta casi todo a un lado, Magby reparte entre Ataque y Ataque Especial y no destaca en ninguno.
Cómo se juega con él
Si el plan es usarlo de verdad y no dejarlo evolucionar al primer nivel disponible, conviene tener claro qué se pierde y qué se gana. Se pierden Lanzallamas y Llamarada, que llegan al 40 y al 48; se gana un Ataque que crece rápido y una Velocidad que en la mitad del juego todavía manda. La solución razonable es enseñarle Puño Fuego en el 28, apurar dos niveles y dejar que crezca. La otra opción — mantenerlo en fase bebé con Puño Certero del huevo — funciona sólo en formatos que lo permiten, y depende de que aguante el turno de concentración con 37 de Defensa.
Un apunte de ritmo: crece a velocidad media, así que sube nivel al mismo compás que casi cualquier compañero de equipo y no arrastra el retraso que sufren los iniciales de curva lenta. Es de las pocas ventajas que tiene sobre la especie en la que se convierte.